Vivir en una economía donde todo lo que los ojos puedan ver esta a la venta crea una fisura entre lo que podemos colocar un valor arbitrario y lo que es sagrado para el ser humano.
Tenemos una píldora con multiprocesadores que cada año cambia su forma, una píldora más rápida, más delgada y ligera, con audífonos que aíslan el ruido exterior para que puedas escuchar cada vez mejor a los pensamientos que te hacen notar de lo que careces.
Un modelo circular que utiliza al producto como medio para apropiarse del consumidor y convertirlo en un producto más. Un modelo similar al de las drogas donde todo es gratis al principio para engancharte y no darte cuenta que tu terminas siendo el producto. Un modelo que vende soluciones a problemas que no son realmente problemas si no parte de nosotros, un fragmento de nuestra naturaleza humana.
Una forma de vivir que hoy con un par de eslogans, colores llamativos, proteína agregada y un puño de psicología (envenenada por los intereses del capitalismo que terminan por llamar marketing) llamamos modelo de negocio.
Una forma de vivir que en otros tiempos y en otras vidas llamaban limbo en occidente y saṃsāra en oriente.
Si escribimos nuestras propias historias, creamos nuestros mitos y deificamos a nuestros dioses, ¿cuales serían las historias que nos contamos hoy en día?.
Blanca nieves envenenaría su propia manzana al no sentirse satisfecha con un príncipe, doce enanos, una casa en el campo y el amor de los animales del bosque.
Prometeo sería el primer trillonario al tener un servicio de suscripción mensual para poder acceder a un poco del calor del fuego que ya es marca registrada y esta cotizando en la bolsa.
Y aquí tendría que escribir algo absurdo sobre dios, una historia que me hiciera reflexionar a mi y hacer reír angustiosamente a quien lee esto pero yo soy quien escribe y quien decide (tal vez) como se desarrolla este relato.
Con esta libertad que a la vez es responsabilidad decido escribir y así creer que dios es la capacidad de crear luz en donde los ojos buscan algo que los llama a mirar. Es la capacidad de mostrarse amor cuando nos encontramos en el limbo de nuestras propias preguntas y creando un infierno al querer encontrar las respuestas inmediatamente.
Dios es la capacidad de crear mitos que nos trascienden para conectarnos como humanidad, entre humanos y para todo lo que esta vivo aquí con nosotros. Es el poder de reinterpretarlos y reescribirlos tantas veces como haga falta para encontrar el amor entre esos personajes, entre sus párrafos, entre las leyendas y entre los dioses.



